Luis Garavito, el infame asesino apodado “La Bestia”

Luis Garavito, el infame asesino apodado “La Bestia”

Luis Garavito, al que las autoridades le dieron el alias de La Bestia, es un asesino serial colombiano acusado de secuestrar, torturar, violar y asesinar a entre 150 y 400 niños y adolescentes. Unas cifras que lo colocan como el asesino serial más prolífico del mundo.

Al interior de una prisión de máxima seguridad colombiana, cuya ubicación geográfica se mantiene en secreto, se encuentra recluido un hombre llamado Luis Garavito. Por su propia seguridad su confinamiento es independiente al resto de la población carcelaria, y sólo come o bebe los alimentos que le entregan personas conocidas.

Los guardias lo describen como un hombre positivo, respetuoso y relajado. Estudia para dedicarse a la política, y una vez en libertad espera emprender una carrera como activista, ayudando a las víctimas de abuso infantil. Irónicamente, Garavito es un experto cuando se trata de abuso infantil, pues sobre este sujeto pesan acusaciones de 300 violaciones a menores.

Luis Garavito alias “La Bestia”.

Antes que Luis Garavito se convirtiera en ese prisionero meditabundo y positivo que los guardias refieren, lo conocían como “La Bestia”. Bajo ese apodo fue responsable por el secuestro, tortura, violación y asesinato de entre 100 y 400 niños entre 1992 y 1999, todos tenían entre 6 y 16 años. De acuerdo con las confesiones que hizo en la corte, el número oficial de víctimas asciende a 138. Sin embargo, la policía cree que el número puede acercarse a los 400, y casi dos décadas después de su captura siguen trabajando para comprobarlo.

Para el año de 1992, Colombia se encontraba sumida en una guerra civil que venía arrastrando desde hacía décadas, un conflicto que estalló a finales de la década de 1960. Debido a esta situación, miles de colombianos se quedaron sin hogar, abandonados totalmente a su suerte en las calles.

Muchas de estas personas eran niños, cuyos padres habían muerto o se habían ido, situación que los convertía en objetivos ideales pues nadie notaba su ausencia. Luis Garavito vio una oportunidad en la desgracia de estos indefensos para satisfacer sus más bajos instintos durante los siguientes siete años.

Las víctimas de Luis Garavito.

Garavito fue muy cuidadoso con sus crímenes. Sus víctimas eran específicamente niños desamparados, sin hogar o huérfanos que deambulaban por las calles en búsqueda de comida o atención. Una vez que localizaba a una víctima potencial, se acercaba, alejándola de aquellas calles atestadas de gente con la promesa de obsequios o caramelos, a los más grandes les prometía empleo o dinero.

Cuando ofrecía empleo, solía complementar sus tácticas fingiendo ser un sacerdote, granjero, anciano o un vendedor callejero que buscaba a alguien joven para que lo asistiera con tareas domésticas o negocios. Frecuentemente solía cambiar de disfraz, y evitaba presentarse como la misma persona a menudo para evitar levantar sospechas.

Una vez que lograba aislar a los niños, caminaba junto a ellos durante algún tiempo, momentos que Luis Garavito aprovechaba para averiguar sobre sus vidas y ganarse su confianza. De hecho, también era una forma de manipular a sus víctimas, haciéndolas caminar lo suficiente para que se sintieran cansadas, vulnerables y desprotegidas.

Sólo entonces atacaba. Empezaba por arrinconarlos, después los ataba de las muñecas y daba inicio a una sesión de tortura inimaginable.

Los sádicos actos de un asesino en Colombia.

Según consta en los reportes policiacos, La Bestia se ganó a pulso ese apodo. Los cadáveres de aquellas víctimas que fueron recuperados mostraban evidencia de una tortura prolongada, incluyendo marcas de mordidas y penetración. En muchos de los casos, los genitales de las víctimas habían sido removidos y puestos en sus bocas. Muchos de los cadáveres habían sido decapitados.

No fue sino hasta cinco años después de que Luis Garavito se cobrara a su primera víctima que la policía empezó a notar la ausencia de los niños.

A finales del año 1997, con el descubrimiento de una gran fosa clandestina, la policía dio prioridad a las investigaciones sobre estas desapariciones. En febrero de 1998, los cadáveres desnudos de dos niños fueron descubiertos en una ladera, recostados uno al lado del otro. Unos metros más adelante, otro cuerpo más fue encontrado. A los tres les habían atado las manos y cortado la garganta. El arma homicida fue encontrada en las inmediaciones.

Mientras inspeccionaba el área próxima a estos tres cuerpos, la policía encontró un trozo de papel con una dirección escrita a mano. En esta dirección encontraron a la novia de Luis Garavito, una mujer con la que había sostenido una relación amorosa durante varios años. Aunque él no se encontraba en la residencia en ese momento, sus cosas sí, y la novia permitió que los agentes ingresaran a investigar.

Cazando a Luis Garavito.

En una de estas bolsas propiedad de Luis Garavito, la policía encontró fotografías de niños y jóvenes, así como detalladas publicaciones periodísticas donde se describían cada uno de los crímenes. Además, localizaron lo que se presumía eran marcas de conteo sobre los asesinatos.

La búsqueda de Luis Garavito se extendió durante varios días, se allanaron los lugares donde solía encontrarse y se mantuvo una vigilancia constante en las zonas donde atrapaba a sus víctimas. Desafortunadamente, ninguno de estos esfuerzos resultó en información que proporcionara la ubicación de Garavito. La Bestia parecía haber desaparecido, hasta el 22 de abril de 1998.

Afortunada coincidencia.

Aproximadamente una semana después que se desatara la caza de Luis Garavito, un policía que patrullaba un vecindario atrapó a un hombre sospechoso de violación. Un vagabundo, sentado sobre una banqueta, observó a un niño siendo perseguido y eventualmente abordado por un hombre mayor. Pensando que la situación era demasiado horrible, el vagabundo rescató al niño y alertó a las autoridades.

La policía arrestó al hombre sospechoso de intento de violación y lo fichó. Nadie sospechaba que tenían en custodia a un hombre culpable por delitos que iban más allá de un intento de violación. Durante un arresto casi accidental, la policía terminó atrapando a la bestia que tanto había estaba buscando, Luis Garavito.

La confesión y condena de Luis Garavito.

Tan pronto como la Policía Nacional de Colombia empezó a interrogarlo, Garavito se quebró por completo. Confesó haber violado a 147 niños, y sepultado los cadáveres en tumbas sin marcas. Posteriormente dibujó mapas con la ubicación de estas tumbas clandestinas para la policía.

Las historias fueron confirmadas cuando agentes en campo encontraron un par de anteojos en una de las escenas del crimen, mismas que coincidían con una condición muy específica de Luis Garavito. Al final, lo acusaron de 138 asesinatos, aunque el resto aún continúa bajo investigación.

En Colombia, la pena por homicidio alcanza de 10 a 15 años de prisión. Cuando multiplicaron las 138 víctimas por 13, Luis Garavito fue condenado a 1853 años y 9 días en la cárcel. Además, la ley colombiana señala que aquellos individuos responsables de crímenes graves contra infantes deben cumplir al menos 60 años en prisión.

Pero, como Luis Garavito colaboró con la policía para ubicar los cadáveres de sus víctimas, terminó sentenciado apenas a 22 años en reclusión y se espera que quede libre en 2021.

Mira el video: Asesinos en serie. El monstruo de la soga de Colombia

Like this post? Please share to your friends:
Deja un comentario

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!: