Los atroces experimentos de la Unidad 731

Los atroces experimentos de la Unidad 731

Algunos de los peores crímenes de guerra que figuran en la historia formaron parte de la Unidad 731, un grupo japonés que actuó bajo el cobijo de la Segunda Guerra Mundial y llevó a cabo una serie de experimentos enfermizos y macabros.

La Segunda Guerra Mundial significó una época horrible para millones de personas. Fue como si todos los países desarrollados del mundo, de repente, dejaran salir la ira y el odio que habían acumulado durante mucho tiempo, algo que experimentamos en varios años de guerra.

En todas las áreas donde se desarrolló la Segunda Guerra Mundial, ninguna fue tan activa y larga como la guerra del Pacífico. De hecho, Japón habría empezado la guerra al atacar la Manchuria en 1931, y en una indiscutible guerra librada contra China al invadirla en 1937.

La vergonzosa invasión japonesa en China.

Los disturbios y agitaciones de esas invasiones sacudieron a China hasta los cimientos, desencadenando una guerra civil y una hambruna que probablemente terminaron con la vida de más personas que las que actualmente viven en Canadá y Australia juntas, un caos que se mantuvo hasta la “liberación” soviética en 1945.

Y entre toda esa rabia que el Imperio japonés descargó sobre los chinos durante la brutal ocupación – crímenes realmente impresionantes, incluso para los estándares de la Segunda Guerra Mundial – probablemente nada significó algo tan lamentable como las operaciones de la Unidad 731, un escuadrón de guerra biológico que de alguna manera sondeó nuevas profundidades en una guerra característica por los genocidios.

Pese a sus inocentes inicios como una agencia de investigación y salud pública, eventualmente la Unidad 731 se convirtió en una línea de ensamblaje para armas en forma de enfermedades que, de haber sido completamente desplegadas, podrían haber matado a todos en la Tierra. Por supuesto, todo este “progreso” se construyó sobre el sufrimiento ilimitado infringido a prisioneros humanos, que fueron tratados como conejillos de indias e incubadoras de enfermedades hasta que la Unidad 731 fue desmantelada al final de la guerra.

Entre una enorme lista de atrocidades, estos 6 programas, de manera particular, ilustran de forma perfecta la sangrienta historia de la Unidad 731.

Experimentos de congelación en la Unidad 731.

Yoshimura Hisato, un psicólogo asignado a la Unidad 731, tuvo especial interés por la hipotermia. Como parte de los estudios en los “Maruta” sobre las lesiones en los miembros, rutinariamente Hisato sumergía las extremidades de los prisioneros en una bañera llena con agua y hielo y los mantenía ahí hasta que el brazo o la pierna se congelaban formando una capa de hielo sobre la piel. De acuerdo con los testigos oculares, las extremidades sonaban como un tronco de madera cuando eran golpeadas con un palo.

A continuación, Hisato intentaba diferentes métodos para recalentar el apéndice congelado. A veces sumergiendo la extremidad en agua caliente, o manteniéndola cerca del fuego, y otras veces simplemente dejaba al sujeto sin tratamiento para observar cuánto tiempo le tomaba a la persona que su propia sangre se descongelara.

Vivisección de prisioneros conscientes.

La Unidad 731 inició como una unidad de investigación, investigaba los efectos de las enfermedades y las lesiones en la habilidad de combate de las fuerzas armadas. Un elemento de esta unidad apodado “Maruta”, llevó la investigación más allá de los límites éticos usuales al analizar heridas y el desarrollo de enfermedades en pacientes sanos.

En un comienzo, los voluntarios formaban parte de las filas del ejército, pero en cuanto los experimentos alcanzaron los límites de lo que no podía ser observado de forma no invasiva, y la disposición de voluntarios se redujo, la unidad pasó a realizar sus experimentos en prisioneros de guerra chinos y otros civiles.

Con el concepto de consentimiento totalmente excluido, también quedó excluida la reticencia de los investigadores. Fue en torno a esta época que la Unidad 731 empezó a referir a los sujetos confinados a investigación como “registros”, o “Maruta” en japonés.

Los métodos de estudio en estos experimentos fueron barbáricos.

Por ejemplo, la vivisección es la práctica de mutilar cuerpos humanos, sin anestesia, para estudiar el funcionamiento de los sistemas vivos. Miles de hombres y mujeres, la mayoría conformada por prisioneros chinos comunistas así como niños y granjeros ancianos, fueron infectados con enfermedades como el cólera y la peste bubónica. Después, los órganos les eran removidos antes de que murieran para observar los efectos de la enfermedad sin la descomposición que ocurre después de la muerte.

A estos sujetos les amputan las extremidades y se las colocaban nuevamente en el lado opuesto del cuerpo, mientras que a otros las extremidades les eran aplastadas o congeladas, o simplemente les cortaban la circulación para analizar el progreso de la gangrena.

Finalmente, cuando el cuerpo de un prisionero había sido utilizado por completo, lo ejecutaban de un disparo o mediante inyección letal, aunque muchas veces los enterraron vivos. Ningún prisionero chino, mongol, coreano o ruso asignado a la Unidad 731 sobrevivió al confinamiento.

Experimentos con armas en la Unidad 731.

Evidentemente, la efectividad de diversas armas fue de interés para el ejército japonés. Para probar este aspecto, la Unidad 731 formaba a los prisioneros a determinada distancia y disparaba varias descargas con múltiples armas japonesas, como la pistola Nambu 8mm, rifles de acción de perno, metralletas y granadas. Después, los patrones de las heridas y profundidades eran comparadas en los cadáveres y los prisioneros agonizantes.

Las bayonetas, espadas y cuchillos también fueron estudiados de esta forma. También se probaron los lanzallamas, tanto en piel expuesta como en cuerpos cubiertos. Además, se instalaron cámaras de gas donde los sujetos de experimento fueron expuestos al gas nervioso y agentes irritantes.

La crueldad humana al extremo.

Objetos pesados eran arrojados sobre prisioneros para estudiar las heridas de aplastamiento, también los encerraban y privaban de agua y comida para ver hasta qué punto los humanos podían sobrevivir sin estos elementos, y en ocasiones a las víctimas sólo se les permitía beber agua salada, o les inyectaban sangre humana y animal por igual para estudiar la transfusión y el proceso de coagulación.

Mientras tanto, la exposición prolongada a los rayos x esterilizó y mató a miles de voluntarios en las investigaciones, también provocaban quemaduras terribles cuando las placas emisoras eran calibradas de forma incorrecta o dispuestas muy cerca de los pezones, genitales o rostros.

Y para estudiar los efectos de las altas fuerzas G en pilotos y paracaidistas, personal de la Unidad 731 colocó seres humanos en grandes centrifugadoras para hacerlos girar a grandes velocidades hasta que perdían la conciencia o morían, lo que usualmente sucedía entre las 10 y 15 G, aunque los niños mostraban una menor tolerancia a las fuerzas de aceleración.

Experimentos con sífilis.

Las enfermedades venéreas han sido del interés de las organizaciones militares desde el Antiguo Egipto, por lo que no resulta extraño que los militares japoneses tuvieran interés en los síntomas y el tratamiento de la sífilis.

Para obtener la información que necesitaban, los doctores asignaron a la Unidad 731 aquellos prisioneros infectados con la enfermedad y los dejaron sin tratamiento para observar el curso ininterrumpido del padecimiento. Otras veces un tratamiento contemporáneo, una forma primitiva de quimioterapia llamada Salvarsán, se les administraba a lo largo de meses para observar los efectos secundarios.

Para asegurar la efectiva transmisión de la enfermedad, prisioneros hombres con sífilis recibían indicaciones para violar a sus compañeros prisioneros hombres y mujeres, quienes eran monitoreados para observar el surgimiento de la enfermedad. Si la primera exposición fallaba en la infección, se ordenaban nuevas violaciones hasta que se lograba el objetivo.

Violaciones y embarazos forzados.

Además de los experimentos con sífilis, la violación fue prácticamente una norma en los experimentos de la Unidad 731.

Por ejemplo, las prisioneras en edad reproductiva en ocasiones eran obligadas a embarazarse para que pudieran llevarse a cabo experimentos de armas y trauma en su cuerpo.

Tras haber sido infectadas con diversas enfermedades, expuestas a armas químicas, haber sufrido heridas aplastantes, heridas de bala y heridas de metralla, estas embarazadas eran abiertas para estudiar los efectos en el feto.

Aparentemente, la idea era trasladar esos hallazgos a la medicina común, pero incluso si los investigadores de la Unidad 731 llegaron a publicar los resultados, la documentación no sobrevivió a los años de guerra por lo que todo resultó en vano.

Guerra bacteriológica de la Unidad 731.

La totalidad de la Unidad 731 se enfocó en su misión más grande, que para el año de 1939 era el desarrollo de armas de destrucción masiva para utilizar en la población China, y presumiblemente en fuerzas armadas estadounidenses y soviéticas, en caso de ser necesario.

Para este fin, la Unidad 731 recluyó a decenas de miles de prisioneros provenientes de Manchuria, región que había estado ocupada por fuerzas imperiales desde hacía años, en instalaciones especiales. Los prisioneros de estas instalaciones fueron infectados con los patógenos más letales conocidos por la ciencia, tales como la Yersinia pestis, causante de la peste bubónica, y tifo, que los japoneses tenían la esperanza de diseminar de una persona a otra después de soltarlos en las poblaciones de áreas en disputa.

Creando las enfermedades más letales.

Con el objetivo de cultivar las cepas más letales, los doctores monitoreaban a los pacientes buscando la aparición rápida de síntomas y progresiones aceleradas. Los prisioneros que mostraban resistencia a la enfermedad eran ejecutados, pero aquellos que se enfermaban con rapidez eran desangrados hasta la muerte en una mesa para autopsias, y la sangre era empleada para infectar a otros prisioneros, entre los que se seleccionaba a los más enfermos para transferir una cepa más virulenta a otra generación.

Un miembro de la Unidad 731 posteriormente recordó que los prisioneros menos resistentes y más enfermos eran recostados sobre una losa y a continuación se insertaba una vía en la carótida. Cuando la mayor parte de la sangre había sido drenada y el corazón estaba a punto de parar, un oficial con botas de cuero se subía a la mesa y saltaba sobre el pecho de la víctima con fuerza suficiente como para romperle el tórax, con el único objetivo de drenar otro poco de sangre en el contenedor.

Cuando el bacilo de la peste bubónica había sido cultivado hasta alcanzar un calibre lo suficientemente letal, la última generación de prisioneros infectados era expuesta a un gran número de pulgas, el vector preferido de contagio para la Y. pestis. Después, estas pulgas eran empacadas en polvo y selladas en bombas construidas de arcilla.

Bombardeando peste negra.

El 4 de octubre de 1940, bombarderos japoneses arrojaron estas bombas, cada una cargada con 30,000 pulgas que habían succionado la sangre de un prisionero agonizante, sobre la villa de Quzhou. Los testimonios del ataque dan cuenta de un polvo rojizo que cubrió todas las superficies en la ciudad, seguido por las dolorosas mordidas de pulgas y la enfermedad generalizada de todos los habitantes.

De acuerdo con algunas estimaciones contemporáneas, se dice que más de 2,000 civiles murieron de la peste que provocó este ataque, y que otro millar murió en las inmediaciones de Yiwu después que la peste fuera contagiada por trabajadores de ferrocarril enfermos. Otros ataques, en los que se utilizó Ántrax, terminaron con la vida de aproximadamente 6,000 personas más en el área.

El final impune de la Unidad 731.

En agosto de 1945, después que Hiroshima y Nagasaki fueran bombardeadas, el ejército soviético invadió Manchuria y aniquiló por completo al ejército japonés, momento en que el emperador dio lectura a su infame declaración de rendición a través de la radio, la Unidad 731 había quedado oficialmente cancelada.

La mayoría de sus registros fueron quemados, destruyendo cualquier tipo de información útil que el equipo hubiera generado a lo largo de 13 años de investigación. La mayoría de los investigadores regresó a su vida civil en un Japón ocupado como si nunca hubieran hecho nada malo, algunos se convirtieron en catedráticos prominentes de las universidades.

Hasta ahora, Japón jamás se ha disculpado por estas atrocidades, y la verdad es que los chinos tampoco han olvidado los incontables actos de terror perpetrados por las fuerzas japonesas que ocuparon China entre 1931 y 1945.

Mira el video: los atroces experimentos de la unidad 731

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