Historias de un rescatista en el Servicio Forestal – Parte VII

Historias de un rescatista en el Servicio Forestal – Parte VII

Entre los temas que más me preguntan aquí, en la vida real, se encuentran cosas como The Rake, Wendigo y otros seres mitológicos de esa clase. Siendo honesto no puedo decir que sé mucho sobre ellos, pero en base a algunas lecturas básicas que hice, puedo suponer que escuché algunas historias ligeramente relacionadas con estos personajes. Seguramente has escuchado el antiguo proverbio de que las leyendas de esta clase surgen a partir de algún lugar o evento verdadero, pero como ya saben, siempre me tomo este tipo de cuestiones con algo de escepticismo.

Tengo que hacerlo, principalmente aquí. Creo que lo que hago es como trabajar en un hospital: te puedes pasar todo el día pensando en la cantidad de personas que mueren allí, y en la probabilidad de que existan fantasmas, o como quiera que se les llame, en cada rincón, pero esto no genera ningún provecho. Simplemente hace que tu trabajo sea más difícil. Creo que muchos así lo sentimos, es por eso que simplemente regresamos a trabajar como si todo estuviera bien.

Una vez que te haces paranoico, no hay vuelta atrás, y muchas de las personas que renuncian se asustan por cualquier cosa, parecen incapaces de superarlo. Tienes que aprender a interiorizar las cosas y a desecharlas.

Hablé con K.D sobre sus experiencias, pues quería saber su punto de vista sobre Wendigo. No tenía nada específico para contarme, además que parecía no interesarle, pero me contó sobre uno de sus amigos que pasó por algo parecido.

Me contacté con esta persona, a la que referiré como H, a través de Skype, y aceptó hablar conmigo sobre el tema. Está consciente de mi publicación y no tiene inconveniente con que escriba aquí su relato, exactamente como me lo dijo:

Una bestia con cuernos.

“Crecí en la región central de Oregón, en un lugar que se encuentra aproximadamente a dos horas de una reserva llamada Warm Springs. Específico esto pues muchas personas de mi localidad tienen amigos por allá, y muchas de las tierras pertenecen a una tribu. Cuando era pequeño, solíamos ir a acampar a ese lugar. No a la reserva en sí, sino en las inmediaciones, y conocí a muchos niños que crecieron allí.

Me volví muy cercano con un niño en específico, un amigo que se llamaba Nolan, con el que solía pasar bastante tiempo cuando nuestras familias se encontraban en la reserva. Las familias terminaron conociéndose y entablando amistad, por lo que siempre nos comunicamos para acampar en la misma época. El campamento se extendía durante aproximadamente dos semanas, por lo que era un buen tiempo.

[En este momento le pregunté si acampaban en una casa rodante] Sí, mi padre tenía una, por lo que no creo que fuera un campamento de verdad pero solíamos llevar nuestras tiendas de campaña para montarlas en el campo y pasar allí la mayoría de las noches. No me gustaba dormir dentro del vehículo pues disfrutaba quedarme fuera hasta muy tarde. [Conversamos un poco sobre acampar].

El caso es que Nolan y yo nos encontrábamos en ese lugar, me parece que teníamos alrededor de 12 años. Queríamos salir y acampar cerca del río pues pretendíamos pescar durante la noche, y creo que estábamos a unos 500 metros de las casas rodantes. Era una distancia suficiente para no poder ver o escuchar a nadie más, eso lo recuerdo a la perfección.

La mayor parte del día la pasamos holgazaneando y al final terminamos haciendo una fogata, recuerdo quedar bastante impresionado pues mi amigo tenía una especie de roca que producía fuego. Jamás había visto a alguien utilizar un pedernal y me pareció algo genial. Le dije que me enseñara cómo hacer fuego de esa forma y encendí algunas cosas, lo que fue bastante tonto pues estábamos en pleno verano y había alerta amarilla o naranja de incendios forestales, es decir, fue bastante riesgoso.

Pero afortunadamente no terminamos incendiando todo el parque, y cuando cayó la noche empezamos a platicar sobre las cosas que dominan la mente de un par de niños de 12 años, la verdad es que no recuerdo el tema. Lo que sí recuerdo es que en determinado momento Nolan vio por encima de mi hombro en dirección al río y le pregunté si había visto algo.

De la forma en que habíamos montado las tiendas de campaña, nos ubicamos a aproximadamente tres metros del río en la parte más larga, por lo que el otro margen se ubicaba a más o menos 6 metros de distancia. Hace bastante calor en verano, pero el agua suele estar siempre helada, lo que es importante.

Observé por encima de mi hombro y pude ver algo adentrándose en el río desde la otra orilla. Desde nuestra posición parecía un ciervo, pero el destello de la fogata no nos permitía distinguir con precisión. Me levanté para tener una mejor vista y distinguí un par de cornamentas, por lo que creí se trataba de un ciervo macho. Aunque me pareció extraño que estuviera entrando al agua, y definitivamente iba hacia nosotros, fue entonces cuando pregunté a Nolan lo que debíamos hacer.

Él observaba el fuego de forma extraña y me indicó que me sentara y quedara callado, así lo hice, pues nunca lo había visto actuando de esa forma. Susurró algunas cosas para que ignorara la situación, para que siguiera conversando, pero yo no podía pensar en nada más. Me hablaba sobre el episodio de algún programa, pero podía escuchar al ciervo caminar entre el agua, así que no le puse atención y seguí procurando ver por encima de mi hombro, pero cada vez que lo hacía, Nolan me daba una palmada en el brazo para que le pusiera atención.

Ni siquiera tenía miedo, sólo estaba confundido. Entonces escuché al animal salir del agua, y fue entonces cuando pude observar lo que parecía, y me di cuenta que no se trataba de un ciervo pues, lo que sea que se dirigía hacia nosotros, caminaba en dos patas. En ese momento empecé a ponerme de pie, estaba muy asustado, pero Nolan me empujó de vuelta al suelo y empezó a hablar más alto sobre el programa de televisión, entonces me di cuenta que estaba tan aterrado como yo, tal vez más.

Se inclinó y atizó la fogata con una rama, mientras tanto me susurraba que sin importar lo que pasara, no debía hablar con aquella cosa. Podía ver mientras se acercaba, y se paró justo atrás de Nolan. Estaba a punto de hacerme en los pantalones, y sé que hubiera huido si estuviera solo, pero no tenía intenciones de dejar a mi amigo atrás, así que me mantuve sentado e inmóvil mirando de reojo aquella cosa.

No era demasiado alto, pero había algo extraño en su forma de pararse, como si el punto de equilibrio estuviera mal. No puedo describirlo bien, pero era como si se balanceara constantemente hacia el frente. Simplemente se quedó parado atrás de Nolan un buen tiempo, y eventualmente mi amigo se quedó sin tema de conversación y simplemente nos quedamos allí sentados.

La fogata crepitaba, pero entre esos sonidos me pareció escuchar a aquel ser hablando en voz muy baja. No pude entender lo que decía, así que me incliné un poco hacia el frente para escuchar mejor, y entonces realmente me oriné en los pantalones cuando aquello también se inclinó hacia el frente. No pude distinguir la totalidad de su rostro, pero vi sus ojos.

Eran nebulosos y de aspecto lechoso, como los que aparecen en la escena de El señor de los anillos donde Frodo cae al pantano y las personas muertas flotan en su dirección. Entonces, todo lo que podía ver eran esos dos enormes ojos blancos flotando sobre la cabeza de Nolan, y también una pobre silueta de cornamentas saliendo de su cabeza. No tengo idea de la expresión que tenía mi rostro, pero Nolan y yo salimos disparados de ese lugar al mismo tiempo, corriendo sin detenernos directo al campamento de casas rodantes.

Mis pantalones estaban empapados en orina. Nos detuvimos hasta que llegamos a la casa rodante de mi padre, y no pudimos distinguir nada que nos hubiera seguido, así que nos tomamos un momento para recuperar el aliento. Le pregunté qué era esa cosa, pero me dijo que no sabía. Sólo me contó que alguna vez su abuelo le advirtió que si alguna cosa iba hasta él en el medio de la nada, no debía hablar ni escuchar nada que el ente tuviera para decir.

Le pregunté si también había escuchado hablar a esa cosa, y me dijo que sí, aunque lo único que había entendido era “ayudarte”. Creo que terminamos durmiendo en la casa rodante con mis padres, y cuando regresamos a la mañana siguiente para recoger nuestras cosas ya no quedaba nada”.

De diversas formas, esto me recuerda a la leyenda de Wendigo. Hay una frase que usan a menudo para describirlo y encaja a la perfección con su esencia, suelen decir que Wendigo “es el espíritu de los lugares solitarios”. Sé que cuando me encuentro en la naturaleza salvaje, cuando no hay ningún otro ser humano en kilómetros a la redonda, me surge una sensación que no sé explicar. No sé si le sucede a alguien más, pero es un deseo por consumir. No es que desee algo en particular, pero es un hambre extraña y distractora que consume cada parte de mi interior.

También quería saber más sobre el hombre sin rostro, todo lo posible, y encontré algunas semejanzas. Pregunté entre mis compañeros, y uno me dijo que estaban llevando a cabo algunas reparaciones en un parque de su área, cuando vio algo de esta clase.

Junto con otros cuatro compañeros estábamos cenando en la ciudad y ahí supe de este caso. Un hombre repintaba un cartel de información y escuchó a alguien que le pedía datos sobre la ubicación del campamento más cercano. No volteó para responder pues estaba sobre una escalera, pero le informó a este hombre que no había ningún local para acampar en las cercanías, pero si seguía por ese camino en unos 5 o 6 kilómetros encontraría otro parque. Le preguntó si lo podía ayudar con algo más, el hombre dijo que no y le dio las gracias. El trabajador siguió pintando, pero se mantuvo escuchando y no pudo distinguir cuando el hombre se alejó.

El misterioso hombre sin rostro.

“En el instante en que se dirigió a hablar conmigo, los vellos en la nuca se me erizaron, pero no entendía el motivo. Simplemente tenía un mal presentimiento, quería terminar la pintura e irme de allí. Creí que se debía a que no podía voltear para hablar con el hombre, pero algo parecía fuera de lugar.

También percibí ese olor particular en el aire antes que se dirigiera a hablar conmigo, parecía el olor de sangre vieja. Había observado el entorno para buscar lo que estaba causando la peste, pero no vi nada. Entonces esperé que este hombre se fuera, pero no pude escuchar sus pasos, lo que me hizo pensar que se había quedado allí de pie, observándome. Así que le volví a preguntar si podía ayudarlo con algo más, pero no obtuve respuesta.

Yo sabía que estaba ahí, pues no escuché el sonido de sus pasos alejándose, así que volteé de una forma bastante incómoda en la escalera para ver lo que estaba sucediendo. Admito que tal vez mi cerebro me jugó una mala pasada, pero te puedo jurar que este maldito no tenía rostro. En su cara no había ningún tipo de facción parecida a la de un humano. Era prácticamente cóncavo y totalmente liso.

Estaba a punto de tener un ataque cardíaco pues no lograba que mi cerebro procesara lo que estaba viendo. Creo que empecé a decir algo y se produjo una especie de “pop” en mi cabeza, momento en que el hombre se convirtió en una persona normal. Debo haber hecho alguna mueca extraña, pues me pregunto si me sentía bien, y me limité a decirle que todo estaba perfecto.

Me volvió a preguntar sobre algún lugar para acampar y nuevamente señalé la dirección a la que tenía que ir, a lo que respondió ‘no soy de aquí, ¿podrías ayudarme a llegar hasta allá?’.

Fue entonces que mi mal presentimiento se confirmó pues no había forma de que ese hombre hubiera llegado hasta ese lugar sin saber dónde estaba. Además, no había ningún automóvil a la vista, ¿cómo había ido hasta ese lugar para iniciar la conversación?

Le dije que lo sentía mucho, pero no podía trasladarlo a ningún sitio en el automóvil de la empresa, y prácticamente empezó a implorarme. ‘Por favor, realmente no tengo idea de donde me encuentro, ¿puedes venir conmigo y ayudarme a llegar allá?’. En ese momento el asunto ya me parecía demasiado extraño, y empecé a cuestionarme si se trataba de algún tipo de emboscada o algo por el estilo.

Le dije que podía solicitar un transporte y cuando empecé a sacar mi teléfono celular del bolso dijo ‘no’, y salió caminando a toda prisa. Pero no se dirigió al parque, se adentró directamente en el bosque así que mandé al diablo la pintura, me subí al carro y salí de allí. Observé por el retrovisor para ver a dónde había ido y estaba justo en la entrada del bosque cerca de los árboles, parado.

No sé cómo pudo llegar allá tan rápido, pero en esta ocasión pude observar con toda seguridad que este maldito no tenía rostro. Observaba mientras me iba, y justo antes de tomar una curva dio un paso hacia el interior del bosque y se desvaneció. Quizás sólo estaba demasiado oscuro y se mezcló con las sombras, pero parecía que se hubiera derretido”.

Después que esta persona terminara de contarme la historia, otra persona empezó a conversar conmigo, contándome un relato con un final algo diferente.

Una máscara.

“Bueno, creo que algo extraño me sucedió una vez. Me encontraba patrullando algunas brechas, justo en el medio de la nada, intentando descifrar por donde pasaban aquellos caminos. No había visto a una sola persona desde hacía unas dos horas, así que no prestaba mucha atención al recorrido, y buena parte del tiempo miraba hacia el suelo.

Entonces, de la nada, subía por una pequeña colina y casi choco de frente con un hombre. Era mucho más viejo que yo, calculo que tenía 60 años, y empecé a disculparme por no prestar atención. Fue entonces cuando observé su rostro, y debo haber puesto cara de idiota porque dejé de hablar y solamente lo observé.

Me tomó unos segundos darme cuenta de lo que estaba mal, pero la cara de este sujeto era enorme. Sé que parece extraño, pero es la única forma en que puedo describir lo que vi. No era que su cabeza fuera grande, era de tamaño normal, pero el espacio en que su rostro se encontraba distribuido era excesivo. Como si tomaras el rostro de una persona y lo estiraras al doble.

No dijo nada, sólo me observó y retrocedió, murmurando que lo sentía mucho, entonces le saqué la vuelta y seguí mi camino rápidamente. Todo el tiempo miraba hacia atrás pues estaba realmente aterrado, pensaba que en cualquier momento aparecería detrás de mí. Sé que parece algo ridículo, pero te juro que ha sido la cosa más aterradora que me ha pasado”.

Cambié el tema de la conversación hacia las escaleras, y esto modificó la atmósfera de forma drástica. Al principio nadie quiso hablar, había una especie de estigma sobre el tema, pese a que nos encontrábamos lejos del trabajo. Pero rompí el hielo con mi propia historia y el mismo que me contó la historia del hombre sin rostro relató esta otra, aunque en voz baja.

Escaleras grises.

“Hace algunos ayeres, acampaba con mi novia y estamos aproximadamente a 5 km de la entrada de este lugar que conozco muy bien. Fuimos a dormir esa noche, pero no pudimos porque…”

Uno de los presentes hizo una broma de mal gusto, y el tema de la conversación cambió de forma radical muy rápido, pero volví a poner las escaleras como tema principal.

“jaja sí, muy gracioso. No, fue porque no dejamos de escuchar ese rechinido. Mi hermano solía rechinar los dientes mientras dormía, y me recordaba aquel sonido. Mi novia se estaba alterando y le dije que simplemente lo ignorara porque ya había escuchado eso antes y en una hora se detendría, ya saben de lo que estoy hablando”.

Todos sabíamos exactamente de lo que hablaba.

“Entonces, eventualmente logré que se durmiera, pero me desperté aproximadamente 2 horas después porque había algo extraño. Me volteé y ella no estaba, y empecé a tener miedo, porque…”

Pensó durante un segundo y a continuación le dio un largo trago a la bebida.

“Bueno, salí de la tienda y la llamé por su nombre, pero no tuve que ir demasiado lejos. Estaba frente al campamento observando algo entre los árboles y noté que se encontraba muy pálida. La fogata casi se había apagado, pero había luz suficiente como para distinguirla. Corrí hasta ella para ver lo que sucedía y estaba completamente inconsciente, pero con los ojos abiertos. Su expresión era como si estuviera fuera de sí.

Así que rodeé su cintura con el brazo y la guie de vuelta, pero no se movía. Solamente susurraba muy bajo ‘ahora tengo que irme, Eddie. Tengo que ir, ya llegó’. Yo le decía cosas como ‘estás sonámbula, vamos a regresar a la tienda’, pero no se movía. Simplemente seguía parada en ese lugar diciendo que se tenía que ir. Entonces observé el lugar hacia dónde estaba mirando, y había una maldita escalera a 20 m de nosotros.

Era gris, de concreto. Empezó a caminar en dirección a la escalera y la tomé del brazo, eso la despertó. Me vio como si estuviera loco, y empezó a preguntarme qué diablos hacíamos fuera de la tienda. No le conté nada, simplemente le dije que estaba sonámbula. El rechinido se había detenido, así que volvimos a la tienda y dormimos otra vez. No lo sé… no me gusta pensar mucho sobre esto”.

El testimonio.

“Recuerdan aquel joven con… no recuerdo lo que era, algún problema en la cabeza, no síndrome de Down, pero algo parecido”. Dijo alguien. “Bien, yo pude leer los testimonios que dio cuando lo encontraron una semana después de su desaparición y son cosas realmente jodidas más allá de lo imaginable.

Tienen que tomarlo con escepticismo porque nunca se sabe lo que los niños distinguen como realidad o fantasía, pero algunas de las cosas que dijo, no sé si puedan inventarse”.

“¿Cosas… cómo cuáles?”, pregunté.

“Bueno, primero que todo habló de las escaleras. Mencionó que observaba a su padre hacer una fogata y las escaleras ‘se le aparecieron’, y que debía subir por ellas o algo malo sucedería. Los policías no pudieron comprender mucho más pues sólo continuaba repitiendo “tipo en la fogata” una y otra vez. También mencionaba algunos sonidos, pero no sabía describir lo que eran, sólo que era demasiado estruendo y se tapó los oídos para no escuchar más. Pero lo que más recuerdo es que le preguntaron hacia dónde había ido y él mencionó que estaba ahí.

Se apuntaba a sí mismo, y mencionaron que según entendían esto significaba que el niño jamás desapareció. Dijo que no sentía miedo porque las escaleras conversaban con él, pero no cómo lo hacen las personas. Como ya lo dije, muchas de sus palabras no tenían lógica y eran difíciles de comprender, también creo que los policías no anotaron todo lo que dijo.

Terminaron por concluir que el niño había pasado por una especie de amnesia o estado de fuga, y que no les parecía una broma. Pero esto no explica cómo regresó una semana después en perfecto estado, ni siquiera un poco sucio y muy bien alimentado, pero lo que la policía dice no puede cuestionarse”.

Existen muchas preguntas que aún quiero responder. Voy a seguir preguntando por aquí y descubriendo lo que pueda.

Mira el video: Historias de Búsqueda y Rescate. Soy un Oficial de el Servicio Forestal de los Estados Unidos

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